lunes, 20 de mayo de 2013

Lo malo tú y yo no.

"...que lo malo comienza  cuando empiezas a querer que
alguien que está lejos esté cerca."

...que lo malo es cuando te das cuenta que te han robado.
Yo que "siempre llevo el corazón encima, por si me lo quitan".

...que lo malo es cuando me despierto. Y no estás.
Pero has pasado por mi cama y te has dejado olvidadas mis ganas.

...que lo malo es que te has adueñado de cada una de las carcajadas.
Y se escapan, y se encaminan en busca de lo más alto de tu falda.

...que lo malo es que me gustó el sabor del carmín de tus labios
sin tan siquiera haber soñado en llegar a probarlos.

...que lo malo es que nos persigan viejos fantasmas cada sábado 
y tú me hagas sonreír y bailar con ellos de la mano.

...que lo malo es pasar tres décadas de vida sin saber que existes.
Tú y tu manera de reinventar eso tan especial que no sé ni qué es.

...que lo malo viene cuando te ausentas y mis miedos estallan.
Pensando en haber llegado tarde, o que tú me hayas alcanzado demasiado pronto.

...que lo malo es no poder jugar con el calendario a nuestro antojo
igual que juegas con mis ganas de besarte.

...que lo malo es que apareciste con tu sonrisa pintada y la luz de tus ventanas.
Y ahora no me imagino sin tus bolsos colgados de mi puerta.

...que lo malo es que no estoy siendo sin ti. Y que tú llegues a ser sin mí.

...que lo malo es que existes. Y yo, sin ti, ya no.

martes, 14 de mayo de 2013

Tatuaje.

El recuerdo no es más
que un tatuaje que dejaste marcado por debajo de mi piel.
Ocupando cada poro,
recorriendo todo modo
de jugar con las cosquillas cuando te veía anochecer.

Tatuado quedó tu tiempo
en cada beso que fui dando, en sueños en los que participé.
Tumbado en cada cama,
devorando toda alma
de cada entrepierna que con los labios separé.

Pero no llevaré conmigo
todas esas noches sin abrigo,
donde apostaste con mi norte y acabaste perdiendo tú el sur.

No quedó tinta entre mis huecos,
ni espacio para esos cielos
que con tus temibles nubarrones, despintabas de azul.

Sólo queda algún momento
en el que cojo y me miento,
y no distingo ningún rostro en el que no te encuentres tú.

Quedaste tatuada
en los pliegues de mis labios sujetando las heridas.
Y si miras cuando río
o me ves cuando les beso
solo podrás observar que allí te hallas escondida.

Tatuada,

pero en el olvido.